En el mundo de la reproducción asistida, donde la tecnología puede parecer fría y distante, es la empatía absoluta nacida de nuestra propia vulnerabilidad la que realmente atesoramos. Descubrimos que cada embarazo logrado no es solo un hito científico, sino nuestra forma de devolverle la mano a la vida, recordando que somos afortunados de tener una segunda oportunidad para servir.
Se dice que el éxito profesional carece de sentido si no está sostenido por la familia, y junto a mi esposa Nancy, la arquitecta de nuestro hogar, lo vivimos cada día. Somos el punto de encuentro de la esperanza, trabajando codo a codo en el quirófano y en la contención psicológica junto a mis propios hijos, para que cientos de familias bolivianas puedan abrazar a sus "lucianitos y lucianitas".
Al encontrarnos con parejas desgastadas y vulnerables que han perdido la fe, nos invade un compromiso inquebrantable con la verdad y la empatía. Con cada intento de cobijar el sueño de ser padres, nuestra vocación se fortalece, proyectando un escenario donde la tecnología clínica de vanguardia y la humanidad caminan de la mano.